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14/02/2012   Información General - Expedición Sanmartiniana
RETORNO CON VIENTO, AGUANIEVE Y EL TORRIDO SOL DE MONTAÑA.
Los dos últimos días de retorno de la Expedición Sanmartiniana, que cruzó los Andes hasta Chile en el aniversario de la Batalla de Chacabuco, transcurrieron por valles, ríos y altas montañas de San Juan, con tormentas de agua nieve, viento helado y también un fuerte y tórrido sol de desierto, hasta volver a las bajas alturas y el verde de la zona urbanizada.
Tras cruzar la cordillera por el derrotero de San Martín, a mula y caballo por el portezuelo del Espinacito, a 4.850 metros sobre el nivel del mar , el retorno desde el refugio Sardina se hizo por la ruta alternativa de la cuesta de La Honda, cuyo camino sumamente empinado llega a más de 4.200 metros de altitud.


La caravana partió en la mañana de ayer desde ese refugio de Gendarmería, encabezada por el intendente de la capital de San Juan, Marcelo Lima, quien quedó a cargo luego del regreso en helicóptero del gobernador José Luis Gioja, tras el acto con expedicionarios chilenos en el hito fronterizo de Los Patos.

La primera etapa se realizó bajo un cielo despejado e intenso calor, sobre los grandes cantos rodados que cubren el Valle de Los Patos, entre los cuales serpentea el río del mismo nombre.

Al ingresar a la cuesta de La Honda era posible ver desde la altura todo este ancho valle y, a través de él, los picos de los Andes chilenos, que con su tono azulado por efecto de la distancia contrastaban con los rojizos y verdosos cerros del lado argentino.

Aunque no tan escarpada y sin los numerosos zigzags de la del Espinacito -el camino de ida-, esta cuesta es muy empinada y si bien no tiene precipicios a pico, los angostos senderos están en laderas en más de 45 grados, cubiertas de piedras sueltas y sin nada a que aferrarse en una posible rodada al abismo.

En el lento ascenso, dificultado por un fuerte y helado viento del oeste, el respirar agitado y aún los latidos de los animales nerviosos o agotados por el esfuerzo y la altura llegaba a los jinetes a través de las monturas.

Tras pasar las Tres Cruces -en memoria de tres arrieros que murieron congelados en el lugar, se llegó a su portezuelo, a más de 4.400 metros, donde había nieve acumulada y el frío en esa zona nevada obligó a los jinetes a utilizar sus máximos abrigos.

Desde esa divisoria, se veían las laderas de ondas rojizas y marrones al oeste y una muy pendiente muy inclinada por recorrer al frente, con un cielo oscuro de tormenta como fondo.

"Está cayendo escarchilla", dijo un baqueano señalando lo que parecía una bruma blanquecina en ese cajón en cuyo fondo corría un rápido arroyo afluente de Los Patos, mientras las primeras diminutas gotas de hielo comenzaban a golpear con fuerza y a cubrir de blanco a animales y personas.

Allí, gendarmes y baqueanos ajustaron cinchas a los animales, para evitar nuevas caídas, en un trayecto sumamente riesgoso, con precipicios en cuyos fondos se podían ver esqueletos de mulas que desbarrancaron y restos de cajones y monturas destrozados, ya que ése es un camino muy usado por tropa de carga.

Algunos de los pocos caballos de la expedición se asustaban por la altura y la pendiente de descenso -a diferencia de las mulas, pueden sufrir de vértigo-, por lo que sus jinetes debieron apearse y llevarlos de las riendas lentamente hasta la quebrada donde se cruzaba el arroyo y el camino se enderezaba hacia la horizontal.

En tanto, la tormenta corría por esa garganta y se acumulaba sobre toda superficie en diminutas municiones de hielo que pronto se convertían en agua helada.

Desde ese arroyo, el camino volvió a ser normal para el ambiente de montaña, con subidas y bajadas entre rocas, hasta que luego de uno de los tantos cruces del arroyo aparecieron las carpas del refugio de Gendarmería Trincheras de Soler, en Alto Las Frías.

Allí, los gendarmes esperaban con una merienda con bebidas calientes y amplias carpas protectoras para la noche helada que se avecinaba, en la que la cena fue un reconfortante guiso de arroz con charque -carne salada y deshidratada-, acompañado de vino y bebidas sin alcohol.

La tormenta continuó toda la noche, pero al amanecer un fuerte sol iluminaba los altos picos que rodean el lugar y pronto comenzó a pegar con fuerza y calor sobre el suelo rocoso, cuando la caravana inició su último tramo.

Después de los duros días anteriores, el trayecto hasta la estancia Manantiales mantuvo las mismas dificultades de terreno del primer día, pero a los expedicionarios les parecía un paseo.

También los animales caminaban y se comportaban con mayor calma, tanto por la menor dificultad, como por la cercanía del hogar y la facilidad para respirar a menor altura.

Los jinetes fueron trasladados desde esta tarde desde Manantiales hasta la sección de Gendarmería "Álvarez Condarco", donde bajo una alameda todos compartieron un asado y luego volvieron a los vehículos, que partieron a la ciudad de San Juan, a donde se espera que lleguen esta noche. Fuente: Télam

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